Hubo un momento en el que mi vida se desordenó por completo.
Me fui a Bali buscando avanzar y fue allí donde todo cambió.
Estando lejos, perdí la estabilidad laboral y supe que tenía que dejar mi casa.
Mientras intentaba sostenerlo todo mi cuerpo empezó a decir basta.
Y ahí entendí algo distinto:
Allí descubrí algo diferente. Una experiencia con luz y sonido.
La primera vez sólo logré relajarme un poco.
La segunda vez… algo cambió.
Me di cuenta que no dependía de hacerlo bien, sino de dejarme fluir.
Hoy acompaño estos espacios porque sé lo que es estar agotada de querer llegar a todo.
Y también sé lo que pasa cuando el sistema deja de empujar.
No desaparece eso que te inquieta, pero deja de sentirse igual.
No lo vas a entender leyendo esto.Pero una sesión puede cambiar tu perspectiva.
Pruébalo y decide desde ahí.